En el vasto entorno digital, cada interacción es una oportunidad de compartir o acceder a información. Sin embargo, no toda información tiene el mismo grado de relevancia o sensibilidad según nuestro contexto. Los datos sensibles, por su naturaleza o contenido, requieren de un cuidado especial para evitar daños directos o indirectos. Es crucial adoptar medidas adecuadas para resguardar nuestra información, adecuándonos a cada situación que enfrentamos.
Pública: Información accesible a cualquier persona. Ejemplo: la dirección de correo de la organización o el nombre de una persona. Generalmente, esta información no conlleva grandes riesgos, así que es importante solo compartir lo que no pueda causarnos daño.
Privada: Información que requiere un control selectivo sobre quién tiene acceso y quién puede modificarla, para mantener nuestra autonomía y seguridad. Aunque compartir esta información con ciertas personas es necesario, un manejo inadecuado podría causar daño.
Sensible: Aquella información que, si se expone, tendría graves consecuencias. Debemos ser muy cuidadosos con su acceso y edición, dándole la máxima protección posible. Te en cuenta que es posible que cierta información pública adquiera el carácter de “sensible” en determinadas circunstancias.
